El mejor pretexto para desafanarme de todo


¿Cómo escribir sobre lo que nos pasó física y mentalmente al hacer un viaje a 40 países en 19 meses? Casi un año después de haber regresado empiezo a escribir esto sabiendo que muchos recuerdos ya se perdieron y que otros probablemente cambiaron, pero que la emoción de haber vivido ese viaje sigue siendo la misma. Alfredo y yo nos dimos una oportunidad que muy poca gente se da aun cuando algunos sí pueden ¿por qué será? ¿da miedo? por supuesto que da miedo la incertidumbre, la certeza de pasar incomodidades, la alta probabilidad de estar en peligro de asalto o de fraude, el estar lejos de casa y de la gente que conoces por tanto tiempo, todo eso da miedo. Pero yo creo que lo que más miedo da es regresar, es cuando sabes que el viaje terminará y tendrás que volver a empezar.

Hay muchísimas cosas que pasan por la mente durante un viaje de esta magnitud. Tuvimos tanto tiempo que pensar y en tantas cosas. Preguntarnos sobre nuestro propio estilo de vida, sobre nuestras necesidades, nuestro consumo. Comparar nuestra forma de pensar con la de otros y aceptar más seguido que nunca que mi sociedad no es la mejor y tampoco la peor, y darnos cuenta de que los problemas de la gente en mayor o menor grado son los mismos en todo el mundo. Humanos complejos, al fin y al cabo.

No quiero ponerme a describir todo lo que hicimos, porque eso ya lo hice una vez, todo está en el blog, más de 100 publicaciones en las que traté de ir contando lo que íbamos haciendo en cada una de los 160 poblados que conocimos, lo que nos pasaba, las cosas más chistosas y también las más frustrantes y una que otra reflexión. Además, sería un relato súper aburrido y tedioso. Lo que sería muy interesante es poder saber cuántas horas del viaje Alfred y yo pasamos filosofando sobre cualquier cosa que nos pareciera suficientemente relevante o curiosa como para cuestionarnos y discutir el tema, y para matar el tiempo en aeropuertos. Eso para mí fue lo más interesante, además de cómo fuimos cambiando nosotros y, como consecuencia, nuestra relación, y, por lo tanto esas reflexiones son las que he decidido contar en las próximas páginas.

El mejor pretexto para desafanarme de todo

Sé que hay miles de personas que piensan en viajar por todo el mundo, pero en realidad es un pensamiento vago y fugaz que nunca se va a concretar ¿por qué? ¿por qué tanta gente dice que es su sueño, pero al final muy pocos lo hacen? Creo que primero que nada es porque nos gusta mucho la rutina, por mucho que digamos que siempre queremos salir de la rutina, irnos de vacaciones y nunca regresar, la realidad es que “irnos de vacaciones” implica siempre regresar. Esa precisamente es la magia de estar de vacaciones: es tener un tiempo limitado para relajarte y sentir que estás haciendo lo que se te da la gana, que puedes dejar de ver gente sin que se molesten porque no las veas, que puedes comer lo que quieras, puedes hacer ejercicio o no, puedes arreglarte o estar fachoso, incluso puedes decidir si salir de la cama o no, y todo eso que hagas o no hagas te hará sentir bien y los demás lo verán también bien, es prácticamente el único momento en el que casi todo se vale. Todo porque son vacaciones y es por tiempo limitado.

Hacer un viaje por el mundo como lo hicimos nosotros no es irte de vacaciones, y aquí es donde mucha gente confunde conceptos. Tal vez yo también los confundía antes de hacer este viaje. La realidad es que se sintió mucho más como un trabajo de lo que jamás me lo hubiera imaginado. En unas vacaciones por lo general la planeación es previa al viaje, y una vez que uno ya está en el viaje, se dedica a disfrutar y hacer algunos mínimos ajustes, pero nada que estrese o que abrume porque el objetivo es descansar. Nosotros decidimos hacer un viaje por el mundo visitando la mayor cantidad posible de lugares con un presupuesto bien específico, pero sin límite de tiempo. Esto último fue lo que definió nuestro estilo de viaje: presupuesto específico sin límite de tiempo. Eso definitivamente no entra en la definición que yo tengo de vacaciones que sería lo contrario: un tiempo limitado con un presupuesto más o menos específico.

Alfredo con 41 y yo con 37 años estábamos en un gran momento de nuestras vidas, con excelente salud y condición física, habiendo corrido por lo menos un maratón (de 42 kms, para los que piensan que cualquier carrera es un maratón) y manteniéndonos en forma con buena alimentación. Esto para nosotros fue indispensable para no limitarnos demasiado en las actividades que pudiéramos hacer en el viaje. No es que seamos una pareja súper aventurera de escalar montañas y bucear a grandes profundidades, pero yo sí quería que tuviéramos la posibilidad de hacer muchas cosas de aventura, caminar mucho y que nuestra condición física no fuera un impedimento.

En nuestra vida profesional se podría decir que estábamos como nunca, los dos con puestos directivos y con carreras profesionales prácticamente asegurada. Probablemente si hubiéramos querido hubiéramos podido subir todavía más y conseguir mejores sueldos y mejores puestos, pero no quisimos. Decidimos no seguir el papel que nos había encomendado la sociedad, ya lo habíamos hecho antes al no tener la boda que todo el mundo espera, pero que nosotros no queríamos, y también desafiamos a la sociedad al decidir no tener hijos simplemente porque en nuestro razonamiento no había ninguna buena razón para tenerlos. Pero quizás esta decisión de dejar nuestras prometedoras carreras profesionales es lo que más asusta a la gente porque es menos común y se percibe como más riesgoso. No nos faltaba gente que nos decía que estábamos locos y que qué íbamos a hacer cuando regresáramos. La verdad es que a mí no me importaba demasiado, prefería tomar el riesgo de batallar después para encontrar un trabajo que el hecho de no hacer este viaje por miedo a la incertidumbre.

Precisamente una de las cosas que más nos preguntaban era qué íbamos a hacer al regresar, si habíamos dejado nuestros trabajos entonces qué seguía al regresar… ¿nuestros trabajos? ¿era eso por lo que se preocupaba más la gente? En parte sí lo entiendo, en nuestra sociedad vivimos para trabajar, vivimos para ganar dinero, para comprar cosas, para endeudarnos y seguir trabajando más para pagar esas deudas. Pero para nosotros llegó un punto en el que simplemente no necesitábamos nada más. Bueno, para mí ese punto llegó mucho antes que para Alfred.

Yo personalmente no le tengo mucho miedo al cambio y a empezar de nuevo. Me emociona cambiar, aprender e intentar cosas diferentes, para mí de eso trata la vida, de hacer y vivir de todo (con una que otra restricción), así que dejar mi trabajo siendo joven y aventurarme fue una decisión relativamente sencilla para mí, aunque no tanto para Alfred, con él tuve que usar todos mis encantos y mi poder de persuasión. Después de todo creo que no se arrepiente.

En el transcurso del viaje fuimos cambiando, no hay duda, nosotros y también nuestra relación fue evolucionando. Cualquiera que nos conozca como pareja sabrá que nos llevamos muy bien, que compartimos muchos intereses y pasatiempos, y que somos sumamente adaptables casi a cualquier situación, podemos andar en mercados y en plazas de lujo por igual, disfrutar de una ópera o de un concierto de banda, ir a parques o museos, casi todo nos gusta y gracias a eso pudimos disfrutar mucho de este viaje tan largo. Pero sí cambiamos, sin duda. La vida y el mundo lo vemos diferente a como lo veíamos antes.

Trato de recordar cómo era yo antes del viaje, cómo era cuando empezó todo, qué pasaba por mi mente, qué emociones y sentimientos habitaban en mí, cuáles eran mis expectativas y mis miedos. Me resulta más difícil de lo que pensaba responder esas preguntas, pero haré el esfuerzo a sabiendas de que la percepción de mi yo del presente seguramente influirá en la descripción sobre mi yo del pasado.

Justo antes del viaje, antes de tomar esa decisión y empezar toda la planeación trabajaba en Terra Energy (o Proyecto Terra, como se llamaba en un inicio) en energía solar, una empresa que amaba porque había sido como mi bebé. Entré en el 2016 cuando apenas estaba empezando operaciones, en ese entonces éramos poquititos en la empresa, no había área de Recursos Humanos, no había nómina, pero había un gran proyecto y una gran visión para poner un granito de arena y hacer de este mundo un lugar mejor, algo que yo sin duda siempre he querido hacer. Así que 5 años después yo era parte de Terra y Terra era parte de mí. Mi vida giraba en torno a mi trabajo que era bastante estresante, al que le dedicaba sin dudarlo más de 12 horas diarias, y a veces parte de mis fines de semana. Todo lo demás en mi vida era un tanto secundario, aunque quiero aclarar que sí tenía vida personal y familiar, sí salía con amigos, sí tenía una buena relación de pareja, sí hacía ejercicio, sí me cuidaba, pero también dejé de lado algunas actividades y sobre todo a personas importantes porque “no tenía tiempo” y siempre las dejaba para después. Sin duda lo primero en mi vida era mi trabajo, y en ese entonces creo que hasta me sentía orgullosa de que así fuera. Sin embargo, algo dentro de mí quería correr de esa vida, fantaseaba con simplemente dejarlo todo e irme sin responsabilidades y sin preocupaciones, que nadie esperara absolutamente nada de mí, que nada ni nadie dependiera de mí, que no sintiera yo ninguna presión para cumplir con ninguna expectativa.

Este viaje fue el mejor pretexto que se me ocurrió para desafanarme de todo y de todos, y Alfred fue mi cómplice perfecto, la persona con la que mejor me he entendido en la vida al que le agradezco infinitamente que se haya aventado conmigo en esta aventura de la que él no estaba muy seguro.

La realidad es que en el momento en el que puse mi renuncia mi estrés bajó muchísimo, me sentí liberada como hacía muchos años no me sentía, ahora yo sentía que era dueña de mi tiempo y que el trabajo que tenía que hacer a partir de ese momento era para planear el viaje y era sólo para mí, para cumplir un gran sueño, para darme la oportunidad de tener un break y de cambiarme de alguna manera. Sabía que cambiaría, aunque la verdad no sabía qué tanto y en qué sentido.

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